Hace algunos días transmitieron un reportaje sobre una oscura realidad que aqueja a la ciudad de Lima: lo fácil que es construir zurrándose en la normatividad. Recordemos que no es suficiente solo crecer económicamente, sino también hacerlo en temas de gestión y control municipal que garanticen que las reglas del juego se cumplan en su totalidad.
De nada sirve mejorar la eficiencia en la construcción y proyectar edificaciones sostenibles si nuestras leyes son todavía bastante débiles. Leyes que permiten construir con "licencias en trámite", que son incapaces de paralizar el funcionamiento de un edificio declarado "inhabitable", que dilatan los procesos, que no protegen verdaderamente al ciudadano, etc.
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| Edificio declarado "inhabitable" por la Municipalidad de San Isidro. Sigue funcionando con normalidad |
Y ni qué decir de la auto-construcción, aquella práctica todavía presente en el 60% del mercado debido a la ausencia de una política de vivienda del Estado. ¿Ayudó en algo la Ley 29090?
Es cierto que existen empresas que sí emprenden proyectos bien canalizados, pero son una minoría. Hay un miserable dicho popular que dice "hecha la ley, hecha la trampa". Como arquitectos velemos por que esto no sea así.


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